sábado 12 de abril de 2008, 22:46:04
RELATO
Como suele pasar, los objetivos que nos marcamos de cara a un viaje montañero defraudan, y son aquellos segundos planes, o simplemente los imprevistos, los que finalmente uno se lleva en la memoria y en el corazón. Así como el Ararat decepcionó un poco, el descubrimiento de esta occidental cordillera Asiática, nos dejó, pese al tiempo, un buen regusto en el paladar.
Los Alpes Pónticos. Tiene sonoridad, y además provoca que en algún rincón de la memoria se active la señal de: ‘me suena, yo he oído algo de los Alpes Pónticos…’. Realmente,
deberíamos haber oído hablar de ellos, máxime si se tiene en cuenta que esta cadena montañosa se extiende desde el estrecho de Bósforo (O) hasta la frontera con Georgia (E) sobre 1.125 km de longitud. Dicho de otra manera, f
orma una especie de presa natural que parece contener las aguas del Mar Negro, evitando que inunde Anatolia. Si consideramos que son casi igual de extensos que los Alpes y triplica a Pirineos…. ¿nos debería al menos sonar?.
Sorprende un país que, si caemos en los tópicos de siempre, imaginamos seco (incluso con sus camellos y palmeras), pueda llegar a tener una cadena montañosa poblada de tupidos bosques de abetos, caudalosos ríos y verdes valles alpinos. Unas montañas en las que las temperaturas en invierno alcanzan los -30ºC, las avalanchas son frecuentes y los habitantes deben convivir con la nieve por 6 meses al año. En la vertiente Norte se dan precipitaciones de hasta 5.000 mm anuales en algún punto, con 250 días anuales de precipitación. Los húmedos vientos del Mar Negro suben el vertiginoso escalón y descargan en las laderas septentrionales gran parte de las lluvias. En esta vertiente se produce gran cantidad de té y avellanas. El Kaçkar representa la zona de mayor elevación de los Alpes Pónticos, y se sitúa en el extremo Este de la Cordillera. Su pico culminante, el Kaçkar Dag (3.932 m) fue el objetivo de nuestra excursión.

La aproximación más cómoda es desde Erzurum, a donde llegan vuelos de Estambul (ver la reseña-relato del Ararat).También es posible aterrizar en Trabzon, junto al Mar Negro, si bien la aproximación debe ser bastante más larga. Desde Erzurum hay que llegar a Yusufeli, ciudad famosa entre los que hacen Rafting por su caudaloso río. Se tardan unas 3 horas. Allí tomamos otro dolmus (minibús) a Yaylalar, el Chamonix del Kaçkar. La carretera, luego pista, serpentea por el valle mientras va tomando altura. La cantidad de agua que lleva el río contrasta con lo árido del entorno, si bien poco a poco van surgiendo paisajes cada vez más alpinos. En las zonas más altas el entorno es similar al que podemos ver en Pirineos, un precioso monte atlántico de píceas y abetos. En ‘el Chamonix’ de la zona hay un par de hotelillos y una tienda para comprar lo imprescindible.

‘Esto es igual que Pirineos’. Probablemente, este será el comentario que habrán hecho la mayoría de los españoles y franceses que se hayan aventurado por aquí. Desde luego que el entorno nos resultará familiar, al contrario de otras montañas turcas que son muy diferentes a las peninsulares. El mulero es un tipo curtido, de barba blanca y piel surcada por profundas arrugas que no habla ‘ni papa’ de Inglés. Cargamos al pobre bicho y tiramos para nuestro campamento.
Durante la primera mitad, disfrutamos con cada recodo del valle, pese a las nubes que se empeñan en agarrarse a las cumbres. Luego se pone a llover. Maldecimos bajo nuestro gore, mientras el mulero aguanta el chaparrón estoicamente, abrigado con su chupa de cuero. Llegamos después de 3 horas al CB, situado en una bonita pradera, y montamos la tienda tan alejada del resto como la pendiente lo permite. El resto de la tarde llueve, y no alcanzamos a ver los picos de los alrededores y mucho menos el grandote, Kaçkar Dag.

Amanece nublado, como era de esperar, pero no llueve. Sin mapa ni demasiadas referencias de cómo se llega, tiramos valle arriba, con la esperanza que ese hueco azul minúsculo se torne en claro y luego en cielo azul. Remontamos el torrente junto al que acampamos, hasta un primer escalón. Allí encontramos algunos hitos, que giran ligeramente a derecha y que nos indican la ruta al gran lago Denizgölu. De allí, intuimos más que vemos la ruta, por la ladera de la derecha, cercana al desagüe del lago. Nos lleva a un colladito desde el que se divisa otro lago más pequeño, enclaustrado por una morrena. Por encima de ella lo bordeamos, hasta unas franjas rocosas que se flanquean (derecha) y que nos llevan a otro collado. De nuevo a la derecha, se sube, a veces trepeteando, una vez superado el collado. El claro de cielo azul se pierde junto con nuestras esperanzas de broncearnos y ver los glaciares que prácticamente nos limitamos a imaginar. De hecho, en este punto se nos pierde, además, el camino. Se trata de una zona confusa especialmente si hay niebla, donde no es evidente el sentido de la marcha. Deambulamos de un lado para otro, y damos con una pareja de checos que, a su vez, deambulan al estilo checo. Tras comprobar que en su país como en el nuestro, no hay quien se oriente con esta niebla, y que se deambula de forma similar, decidimos consultar al GPS. Estos Americanos, sí que saben¡¡¡… Bordeamos un cordal rocoso y , voila¡ aparece un valle por el que todo parece indicar se sube. Ascendemos por una pedrera algo desagradable y al rato nos cruzamos con un enorme grupo de japoneses y su correspondiente guía. Van a 4 patas por la pedrera, y según parece llevan andando muchas horas, desde las 4:30 de la madrugada. Les adelantamos y alcanzamos sin más la cumbre. Parece que esta vez, la naturaleza no quiere compensar nuestro esfuerzo y no nos brinda las vistas espectaculares que, sin duda, hay desde allá arriba. Son las 11:30, y hemos tardado unas 4 h hasta la cima (habría que descontar media hora de pérdida). Disfrutamos el momento con los checos, y retomamos el camino al CB. Adelantamos a los japos, que siguen con cara de miedo y agotamiento. Tres horas después, y tras un descenso relajado, estamos tomando un chai, charlando sobre lo bonito que es el Kaçkar y los pocos compatriotas que pasan por aquí.
Esperamos que alguien le entre el gusanillo y le apetezca venir a estas montañas… y que comparta sus experiencias.
miércoles 9 de abril de 2008, 22:52:36
VIDEO
Zona a la derecha del sector principal. Un par de largos de IV+-V
lunes 10 de septiembre de 2007, 00:00:00
RELATO
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4 Comentarios
El Ararat es una de esas montañas que resulta más bonita de lejos que de cerca. Es una de esas montañas cuya contemplación y leyenda resulta más bella que su ascensión. Sin duda, una montaña para románticos.
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No resulta fácil, sin embargo, organizar la escalada del Agri Dag. Al menos con 2 meses de antelación deberemos tener claro que queremos subir, y que estamos dispuesto a pasar por el aro (los aros) burocráticos que el gobierno turco impone. Para más ‘inri’, no está en Turquía, al menos si nos ponemos del lado de los Kurdos. No merece la pena llevar todo organizado. En ningún sentido. Perderemos la ‘salsa’ de la improvisación, del regateo, del hoy dónde como, del cómo se llega a Doguvayazit… toda la aventura en los viajes aborregados de agencia ‘all included’ se reduce a ‘¿dónde está la tienda comedor?’ O ‘¿dónde nos llevan mañana?’ (frases oídas a un grupo de Españoles en el Ararat que se gastaron justo el doble y disfrutaron justo la décima parte).
No me enrollo más. Al grano. Los trámites están perfectamente explicados en la web del consulado: http://www.tcmadridbe.org/visados_agri.htm. La parte más engorrosa es el pago a la Federación Turca de Montaña, ya que los bancos no suelen tener claro la manera de realizar el ingreso. NO olvidéis el justificante del banco en el viaje a Turquía. Tampoco dejéis todo para el último momento como hicimos nosotros y realizad los trámites con más de 2 meses.
El viaje.
Nosotros fuimos a Estambul y de ahí a Erzurum en un vuelo interno. A esta ciudad viajamos con Pegasus Airlines (http://www.flypgs.com/) y no tuvimos ningún problema comprando el billete electrónico desde España. También se puede viajar a Van, la distancia al CB es más o menos la misma. Nosotros elegimos Erzurum por quedar mejor situado para la segunda parte del viaje (Kaçkar Dag).
En Erzurum merece la pena quedarse un día (no más) para ver alguna Madrassa y alguna Mezquita chula. Luego, toca un Bus a Doguvayazit. Son 4h 30´ de carretera. Una vez en Doguvayazit no hay más remedio que pasar por el aro y soltar la pasta una vez más: no se puede subir al Agri Dag sin un guía titulado. Nosotros contactamos con una agencia, Ararat Trek (http://www.ararattrek.com/) en la misma ciudad, no llevábamos nada hablado de casa. El jefe se llama Zafer Onay y es un tipo serio. Pagamos por las mulas, guía y transporte hasta donde llegan los vehículos 200€ por cabeza. El cálculo inicial era de 4 días en la montaña, aunque finalmente fueron 3. Compartimos todo ello con 2 Suizos, por lo que éramos 5 en total. Creo que se podría apretar más, o bien contactar directamente con un guía. Si el tiempo está de vuestro lado, merecería la pena darse algún paseo por la ciudad y preguntar en los cafetines.
La ascensión.
El Ararat se eleva majestuosamente sobre la meseta de Anatolia más de 3.000 m. No me extraña que, quien escribiera la historia de Noé, embarrancara a su personaje en este pico. El pequeño Ararat, todavía más perfecto y cónico, no se puede subir por ser fronterizo.
El primer día es bastante placentero. El coche nos deja a 2.100 m, y allí cargamos las mulas. Sin peso, el camino se hace agradable y más que tranquilo. Se tarda unas 3h 45’ en alcanzar el C1, a 3.200 m. Las vistas del Ararat nos acompañan todo el rato, y nuestra imaginación traza vías por los pinos neveros que caen de la cumbre. Es conveniente subir agua, ya que no hay en el C1.
La subida al C2 es menos agradable: ya no hay vegetación, y el camino se vuelve áspera pedrera que zigzaguea por las laderas del monte. Metemos un poco de caña, ya que nos parece que el C2 debe estar hasta arriba de gente y desde lejos no se intuyen muchos sitios para la tienda. Tardamos poco, 2h 15’, y pasamos el resto del día aclimatando (o sea, bebiendo y poco más). Hay unas 15 plataformas para plantar las tiendas, y muchas de ellas están reservadas por las agencias borreguiles que suben a los que pagan. De nuevo el dinero lo pone todo fácil.
Día de cumbre. Nos levantamos muy pronto, a eso de las 12h 30’. Yo no soy muy partidario de tal madrugón, sobre todo porque el glaciar es muy pequeño, y sin riesgo de grietas o avalanchas. ¿Qué más da atravesarlo a las 4 que a las 9?. Finalmente, el hecho de madrugar, marco la crucial diferencia entre disfrutar de una ascensión solos en la montaña y alcanzar a una cumbre solitaria con subir asqueado y llegar a una cumbre atestada. La ruta transcurre por la ladera SE, hasta llegar a la nieve, a unos 4.900m. Ya por terreno glaciar se alcanza un collado y de allí, girando a la derecha, a la cumbre. Subimos por primera vez junto al guía y los Suizos. Se orienta muy bien en la caótica pedrera y nos canturrea en Kurdo. La subida es pesada. No es el día de suerte de mis compañeros. Al que llevo delante se le revienta la mamona (perdón, idrateision baj) y le empapa los riñones. Y al otro compañero… luego viene la historia. Pasito a pasito y con más frío y viento que el esperado llegamos al nevero/glaciar. Nos ponemos los crampones (no consideramos necesario piolet) y en dos patadas llegamos a la cumbre. Hemos tardado 4 horas en alcanzar los 5.134 m. No pasamos mucho tiempo arriba por el viento y el frío, así que empezamos a bajar antes de que llegue nadie. Los Suizos, potan alegremente en la cima y luego inician la bajada.
Nos adelantamos al guía en la pedrera, ya que vamos a buen ritmo, y él tiene que esperar a los Suizos. Javier, que va ligero, tropieza. Veo como da varias vueltas de campana por la descompuesta y pina pedrera hasta parar. Se lleva la mano a la frente… cuando llegamos hasta él sangra abundantemente por la ceja. Tiene una buena brecha, casi se le ve el cráneo. Con el susto en el cuerpo, pero en el fondo aliviados (podía ser peor) le hacemos una cura de urgencia y al C2. Pese a lo complicado de la situación, tenemos ánimo de fijarnos en el espectáculo que se está representando ante nosotros: la sombra del Ararat se estira infinitamente por la meseta Anatoliense hasta casi perderse en Europa. Una vez en C2, con el botiquín que llevamos, le limpiamos bien la herida y le ponemos una venda. Nuestro plan de echar una cabezadita en el C2 y continuar más tarde, se desvanece e iniciamos el descenso al C1 con la esperanza de conseguir un caballo. Y, efectivamente, lo encontramos… sólo que nos piden 110 USD por bajarle. ¡¡Que les den por culo, hombre, que se aprovechen de las desgracias de otro!! (estos de Bilbao son duros como el pedernal). Comemos algo y para el C0… Llegamos muy cansados. Han sido 3000 m de bajada y 1100 de subida. Para rematar el día, 4 puntos de sutura sin anestesia (de Bilbao y de la margen derecha) y un par de cervezas.
La sensación que nos queda...
ha sido agridulce. No nos ha entusiasmado la montaña, en realidad nos ha tratado bastante mal. No volveremos al Ararat, pero tampoco nos arrepentimos de haber venido. Nos espera ahora un largo viaje de vuelta hasta alcanzar el próximo objetivo, el Kaçkar… pero esa es otra historia y debería ser contada en otra ocasión.